Visitar Barcelona. 8 + 1 patrimonios de la humanidad con los que maravillar

Parque Guell Barcelona

La Unesco hace gala de reconocimiento a conjuntos arquitectónicos a los que declara bienes de la cultura común de la Humanidad. Se trata de una catalogación excepcional, extraordinaria, que hace entrar en valor a las culturas, a las historias y a las mismas gentes de los lugares galardonados. Es algo así como un premio Nobel colectivo que distingue y coloca en su pedestal a conjuntos elegidos del mundo.

Los edificios con más números en Europa para convertirse en Patrimonio de la Humanidad suelen ser las catedrales, los palacios y los castillos y, por extensión, los entornos urbanos antiguos.

Pocas ciudades se pueden enorgullecer de sumar ocho estructuras patrimonio como Barcelona, todas al servicio de la causa de la exaltación de la originalidad del estilo modernista catalán. Edificios y conjuntos monumentales salidos del ingenio y emprendimiento de dos creadores únicos de aquel tiempo que llamó a la renovación de un lenguaje del arte, Gaudí y Domènech i Muntaner.

Veámoslos uno a uno y, por qué no, para crear rutas a la carta, recorridos autoguiados, con las que hacer turismo en Barcelona: 

Casa Milá. Se la conoce popularmente como La Pedrera, y se la puede ver en un chaflán esquinero de una de las manzanas del Plan Cerdá del Ensanche de Barcelona, justo debajo del corte de la Diagonal. Es más que un edificio, es la síntesis del lenguaje plástico y simbólico gaudiniano. Hay que verla con detenimiento para descubrir cada una de sus partes singulares. Desde el nivel de la calle, hasta las chimeneas de ‘los penitentes’ de su azotea. Fachadas ondulantes, columnas arborizadas, una vegetalización integrada, sus interiores que hacen trozos a las tradiciones, que hacen corporeidad con ella y arman texturas y juegos de color que cambian cada hora del día.

Parque Güell. En el Parc Güell, Gaudí hace parque temático de toda su simbología que saca al exterior para integrar en un paisaje ajardinado. Su magia es fabricar con piezas de desecho, una serie completa mosaicos, fuentes monumentales que parecen caóticas pero que sólo muestran un horizonte de figuras superpuestas e inestables que aprovechan muy sabiamente los desniveles del terreno.

Palacio Güell. Este palacete urbano es de otra pasta. En él se ve a un Gaudí que juega con un remake muy particular y peculiar con las soluciones decorativas que trabajaron árabes, hindúes, persas y japoneses.

Palacio de la Música Catalana. La música es la que da todo el sentido a este conjunto arquitectónico, un lugar habilitado para encerrar, domar y reproducir los sonidos, pero también para maravillar con su decoración. Decoración de una plástica tan creativa como desbordante. La decoración vegetal que sube por las paredes del Palau se mueve al son de los cambios de luz. Cobra vida. Un dinamismo hecho de estuco, piedra y maderas que se transforma en un virtuosismo tonal con la luz y el color que les llega desde unas vidrieras salidas del ingenio de Domènech i Muntaner. El Palau de la Música hoy es un arquetipo del modernismo más vitalista.

Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. El hospital es un curioso ejemplo modular de la arquitectura modernista, y, en ese sentido, una originalidad más. Diez edificios forman dependencias separadas que se integran en un todo pensado para ofrecer salud, pero al mismo tiempo una estética de gran belleza a la altura de las personas que lleva otra salud, por la vía más natural, abriendo ventanales a la luz, ofreciendo espacios para la socialización de las personas. En total, 27 pabellones creados por el arquitecto Domènech entre 1902 y 1913 que es un alegato de formas entretejidas en las que creyó. Su hijo, continuó la obra de su padre en la década de 1920 para completar el hospital aunque no ofreció la misma vitalidad modernista que su progenitor.

Templo de la Sagrada Familia. El templo nunca acabado de la Sagrada Familia es la obra culmen de Gaudí. El conjunto es algo así como un homenaje personal a las raíces de todo lo natural. Ahí está el bosque de columnas de su nave central, las texturas vegetales de sus muros y paramentos. Un lugar que se asemeja a una caverna con todas las pretensiones de llevar la religiosidad por otros caminos, por otras naturalezas formales.

Casa Batlló. La Casa Batlló está a dos pasos de ‘La Pedrera’. Se acomodó en el Paseo de Gracia en 1907 para atraer miradas y sorpresas. Es un edificio del que se puede decir que lleva el preciosismo de sus formas a niveles que tal vez no se habían visto desde los ideales constructivos rococós. Todo en la Casa Batlló de Gaudí llama a la curva. Sus arcos, sus ventanas, sus puertas interiores parecen perder consistencia en una sinuosidad buscada que hace ritmo. Los vitrales toman prestada la luz y la transforman en juegos de color para ambientar con tonos tan efímeros como etéreos.

Casa Batllo de Gaudí en Barcelona

Casa Vicens. La Casa Vicens ofrece una perspectiva del trabajo de Gaudí totalmente diferente. Se corresponde con sus balbuceos arquitectónicos. Se trata de una de las primeras obras del arquitecto y ofrece una visión aún inmadura de sus inquietudes artísticas. Fue terminada antes de 1880 y su estructura es una mezcla aparatosa de estilos que eran del gusto de la época, de neos y eclécticos, arabizantes, medievales, mozárabes… Una construcción que apunta a Gaudí pero sin nombrarlo como el arquitecto que llegó a ser.

Cripta de la Colonia Güell. La cripta es una construcción de Gaudí que no está en la ciudad de Barcelona. Hay que encontrarse con ella en la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Cervelló. Fue un proyecto exageradamente ambicioso promovido por un industrial catalán, Güell, que preveía levantar en un área de 130 hectáreas cooperativas, tiendas para los trabajadores, teatros, una iglesia, todo formando una colonia de descanso para disfrute de los obreros de sus empresas. De todo el proyecto, sólo se completó la cripta de lo que iba a ser la iglesia de la colonia. Con la cripta, Gaudí se decidió definitivamente por el naturalismo, llenando desde ese momento sus construcciones con motivos vegetales cada vez más atrevidos. Fue un lenguaje gaudiniano que paradójicamente salió de una cripta para vivir en sus evoluciones formales.