Las Ramblas, un paseo al corazón de Barcelona

Ramblas de Barcelona

Las Ramblas de Barcelona son parte del más clásico de todos los paseos por el centro de la ciudad. Lo tiene todo. Es una forma de interactuar con lugares de lo más típico de la capital Condal, con sus localizaciones más tópicas, con su patrimonio arquitectónico, y, si estamos de suerte y toca ese día, podemos asistir a un día señalado de mercado y hasta disfrutar de actividades en la calle, las del sugerente calendario cultural de la ciudad.

El viajero que decide a pasear por las Ramblas se expone a ver, a participar, y ,si quiere, también a comprometerse con lo que sucede. ¿No es éso lo mejor que se puede vivir en una experiencia viajera deseada?

En un sentido más práctico, las Ramblas son un medio natural para entrar y salir de las zonas más características de los barrios del casco histórico de Barcelona. Del Barrio Gótico, del Borne e incluso para poner los pasos en La Barceloneta.

Con las Ramblas podemos bajar de Canaletas al monumento a Colón, y más allá, y descubrir lo esencial de los conjuntos arquitectónicos del patrimonio de su casco antiguo. Saber de los legados de Roma, de los de la época medieval, del Renacimiento, los de la Reinaxença y el Modernismo y las apuestas de futuro de su arquitectura vanguardista.

En ese sentido, los 1.200 metros de dulce paseo de las Ramblas representan una pasarela cultural en la que se el visitante puede revivir dos mil años de historia. No hay muchas ciudades que den tanto en tan poco.

Seis ramblas

Una nota. Se llama Ramblas al paseo para peatones, más o menos ancho, que está flanqueado por dos vías arboladas, una de subida y otra de bajada. Pero en realidad son seis ramblas. No, no hay misterio. La tradición ha segmentado el paseo y les ha dado nombres propios. Trozos de doscientos metros, poco más o menos.

Desde la Plaza de Cataluña hasta el mar, el primer tramo de todos es el de la Rambla de Canaletas. Sí, por la conocida Fuente de Canaletas. El viajero avisado ya sabe aquello de que quien bebe de ese agua -la leyenda no dice en qué cantidad- volverá a Barcelona.

De seguro que el retorno tiene otro motivo más evidente, la ciudad enamora, engancha, y, quien la conoce, repite. Se haya tomado el agua o no. El nombre de la fuente le viene de la existencia de unas pequeñas canalizaciones antiguas que la traían, y aún la hacen llegar, desde la Sierra de Collserola. Collserola es el horizonte montañoso, frondoso y verde que sirve de frontera visual oeste a la ciudad. Si no se sabe dónde mirar para encontarla, hay que buscar el pico del Tibidabo. Sí, esa es una buena referencia.

La siguiente rambla es la de los Estudios. En el siglo XV había en ese tramo del paseo un centro de estudios generales, que era como se llamaba en aquel tiempo a las universidades. Tras el levantamiento de la ciudad en 1714, Felipe V ordenó cerrarlo per secula seculorum. El edificio pasó a convertirse entonces en acuartelamiento militar que, en otro salto de la historia local, acabó por los suelos cuando fue derribado por la piqueta en el año 1843. Desapareció el edificio, el uso, pero se mantuvo el nombre.

Rambla de las Flores

Y llegamos a lo más colorido del paseo, al sector de la Rambla de las Flores. Todo, porque en otro tiempo este tramo era el único en el que el Ayuntamiento de Barcelona autorizaba a colocar puestos de flores. Las ventas de pájaros de jaula ponen en este lugar una nota de color y de sonido que seduce.

El nombre de Rambla de las Flores, en cualquier caso, tiene otro alternativo, el de San José, que ha dejado de ser popular. ¿El motivo? Un convento con ese nombre derribado en el pequeño absceso de fiebre especulativa urbanística de la década de 1840 en la capital Condal.

Este tramo de las ramblas, más arriba o más abajo, es el que coincide con el Mercado de la Boquería o de San José y el Teatro del Liceo. El lugar perfecto para disfrutar de las mejores representaciones y veladas de ópera y demás en Barcelona, el lugar ideal para saber que se cuece en los pucheros tradicionales de la ciudad y que es trend topic en los fogones de fama.

Capuchinos

Más abajo nos topamos con la Rambla de los Capuchinos. Justo, como sucede con el tramo de San José, en el lugar se levantaba un convento de monjes de esa orden. La siguiente rambla, la de Santa Mónica, hace honor a otro espacio conventual, el de la congregación de agustinos descalzos que lo habitó hasta el siglo XVII.

Y llegados a este punto, sólo queda abrazar la brisa del mar. Bueno, antes hay que ver lo que se disfruta en el punto donde el firme del paseo de la rambla deja de ser continuo. El monumento a Cristóbal Colón con el que se conmemoró el cuarto centenario su viaje está rematado por un almirante que no señala a América, sino al lado contrario, justo a donde quería ir. A las Indias. Poca gente sabe este detalle curioso de la desorientación del Colón de la columna.

En la otra dirección, las Atarazanas Reales, hoy Museo Marítimo, el visitante puede descubrir también y a su aire todo lo que la navegación ha hecho por la civilización y el arte de navegar por su progreso. con especial atención al Mediterráneo y a su cultura marítima.

Más allá queda la Casa de la Aduana, una imagen igualmente icónica del frente marítimo, el rescatado Moll de la Fusta con la pasarela de los arquitectos Villaplana y Piñol, zonas ajardinadas, el Ictineo de Monturiol y todo lo que la curiosidad puede llegar a apreciar.

De la mano de unas ramblas que hacen media docena y que son una puerta abierta para conocer Barcelona de la manera más natural.