Barcelona Cosmopolita

Barcelona

La ciudad de Barcelona es un destino internacional que ha fabricado su identidad con las claves de sus hitos culturales originales. El modernismo catalán de Gaudí tramado en su Ensanche, sus conjuntos más icónicos como la Sagrada Familia, su Barrio Gótico o sus museos han sido la base de referencia. Un despertar cosmopolita que constancia y adaptabilidad han ampliado a otros ámbitos como los del comercio, la moda, la joyería, los perfumes, el turismo de cruceros, el náutico o el que se orienta al ocio como primera preferencia.

Y la marca Barcelona más cosmopolita funciona. Ahí están los datos. La ciudad de Barcelona recibió en 2012 5,4 millones de turistas, que se convirtieron al año siguiente en 7,5 millones. En ese último año, el 80% de los que se acercaron a ella para conocerla fueron visitantes extranjeros.

En las estadísticas publicadas por Barcelona Turisme del Ayuntamiento de Barcelona, el grado de satisfacción de esos mismos viajeros alcanzó un 8,42 sobre un máximo de diez. Los que destacaron como valor la arquitectura de la ciudad ofrecieron un 9,21 de media, los que alabaron la oferta cultural, un 8,82, y los que fueron impresionados por el carácter de sus habitantes, llevaron la nota hasta un 8,71.

Si a eso le unimos que Barcelona es la ciudad española más visitada por los turistas extranjeros, doblando casi a Madrid en visitas, y que está situada en el puesto 23 de las cien primeras del mundo, caeremos en la cuenta de que la capital catalana está de moda, es una ciudad preferente en las elecciones de viajes internacionales y suena.

Suena como una ciudad cosmopolita que ofrece un equilibrio entre originalidades que no se pueden encontrar en otros destinos y ofertas culturales, pero también es un reclamo para el turismo de negocios, para el de cruceros, para el de ferias, para el de deportes náuticos o para el de playa estacional, como base y referencia de la cercana Costa Brava.  Una ciudad vital que se deja ver también con cada uno de sus encantos en las producciones cinematográficas.

El nacimiento de una identidad

Pero Barcelona no es Nueva York, no es Londres, la ciudad no nació cosmopolita, ni lo hizo de la noche a la mañana, su lugar en el imaginario colectivo como lugar para experiencias de viaje únicas surgió como consecuencia de una extraordinaria visibilidad mediática a principios de la década de 1990 con la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Barcelona comenzó a dibujarse como meta y mito universal cuando las obras públicas que permitieron aquellos juegos ganaron nuevos espacios urbanos en su frente marítimo y cuando se remodelaron servicios y conexiones de transporte fundamentales como el metro y las del Aeropuerto de El Prat y sus servicios de parking dieron un paso adelante en modernidad.

Barcelona y su ayuntamiento hicieron campaña para definir un skyline simbólico con el que identificar los valores patrimoniales de un modernismo original que tomó a Gaudí y a la chocante arquitectura de su Sagrada Familia como un icono que reproducir en cualquier formato imaginable.

Pero esa imagen de Barcelona se hubiera quedado ahí, como ha sucedido con tantas ciudades olímpicas, sin una ayuda extra y dos colores básicos, la cooperación del Fútbol Club Barcelona y los tonos azul y grana que con Guardiola, y sin él, han ofrecido una asociación digna de estudio en las escuelas de marketing para mayor gloria de la marca Barcelona.

Ahí están las estadísticas, el museo del club es el más visitado de Barcelona, incluso por encima de la misma Sagrada Familia o del Museo Picasso. Millón y medio de visitantes en 2012, éso sí, todo hay que decirlo, detrás del de Dalí de Figueras, otra originalidad catalana para el mundo.

Festivales

Barcelona ofrece festivales y salones monográficos muy consolidados, como el del Cómic, el Primavera Sound, el Sonar, el Griego, el Loop o el Swab, de músicas, de intereses alternativos, todos abiertos al mundo.

Encuentros, no obstante, no suficientemente conectados con la marca Barcelona y que no resultan tan divulgados como los de la cultura clásica de la capital catalana. Ésa es una de las asimetrías de la identidad cultural visible en el exterior de la cosmopolita Barcelona.

Pero el potencial está ahí. Barcelona está en condiciones de competir en cada uno de los campos que definen el dinamismo de una ciudad moderna y de vanguardia internacional de la cultura. Y disputarles su lugar a otras del continente europeo. Al Londres de los teatros, a la Milán de la ópera o a las ciudades con costa y mar que ofrecen deportes náuticos.

La Barcelona World Race es una muestra de que el puerto de Barcelona es lugar de parada clave para la industria turística de los cruceros, pero también para las grandes aventuras mediáticas de la navegación deportiva a vela más allá de lo que puede dar de sí el estrecho Mediterráneo.

La pieza clave para mantener en el tiempo los logros de la marca Barcelona pasa por seguir apostando por la cultura como seña de identidad fácilmente reconocible. Con un ‘cop d’ull’, para ser percibida de un vistazo… y reconocida sin ambigüedades.

Bazas de la marca más cosmopolita de Barcelona fácilmente reconocibles son también las que se derivan del extraordinario peso que ha adquirido el sector del comercio y su perfil marítimo -desde que se reconquistó La Barceloneta, se ganó espacio en la zona de la Villa Olímpica y se remodeló el puerto interior-. Pero aún está lejos para hacer llegar a un nivel mínimo la puesta en valor de la gastronomía y las manifestaciones culturales locales sin abandonar el espíritu genuino y la calidad… y de sostenibilidad.

Todo, bajo la conciencia de los beneficios del trabajo en común.  Todo, en una misma dirección con la guía de unas administraciones públicas que trabajan en sintonía. Todo, con la toma en consideración de las apuestas empresariales locales. Todo, y ésto es lo más importante, con lo que desean los barceloneses para sí mismos.