Marzo 10th, 2010


Los siete pecados capitales de España. VI, El nacionalismo- Ricardo Cayuela Gally


La serie fuertemente crítica que está publicando la revista LETRAS LIBRES titulada “Los siete pecados capitales de España”,y que hemos recopilado en esta página,  aborda en su número de marzo en nacionalismo. Su autor, Ricardo Cayuela Gally,  mejicano hijo y nieto de exiliados españoles, bisnieto de Companys, desde una posición ilustrada y cosmopolita analiza uno de los “pecados capitales” de la España de hoy, el nacionalismo, centrándose en el caso catalán y, de algún modo , culpando a los dos grandes partidos, del problema que este supone para la estabilidad institucional y para la solidaridad entre los ciudadanos de toda España.

 

Todo nacionalismo se basa en una manipulación de la historia y de los sentimientos. Así también el catalán, que ignora el legado común de Cataluña con el resto de España mientras esconde las graves consecuencias de su plan de futuro y pone en riesgo el pacto democrático

España atraviesa una crisis institucional de graves proporciones cuyas consecuencias podrían ser irremediables en una generación. Pese a un entramado social armónico y unas redes afectivas sólidas y geográficamente transversales incluso en la rivalidad y la discrepancia, y pese a un tercio de siglo de vida en libertad, con un progreso social y económico envidiable (más allá de la pésima gestión de la crisis económica actual), las elites políticas del nacionalismo periférico han sabido construir un diferendo con el “Estado español”, representado en el lúgubre espantapájaros de Madrid, potencialmente letal para los intereses de la mayoría. Y esto con la complicidad, tácita o explícita, de los dos grandes partidos nacionales, siempre a rebufo de sus cuitas parlamentarias. Apoyado por la indefinición constitucional de un sistema permanentemente abierto –léanse los artículos 148 y 149, y de paso todo el título VIII– y con los resortes de poder pero no las responsabilidades ni las obligaciones de un sistema federal, el nacionalismo hace tiempo que le puso el cascabel al gato, pero nadie parece oír su sonsonete de cristal. En el arco parlamentario tan sólo Unión, Progreso y Democracia es consciente de la gravedad del desafío. Pero, ¿es justa esta carga para un partido nuevo y marginado de los medios de comunicación? ¿Puede llevar sobre sus espaldas el peso de representar la última esperanza de rebeldía ciudadana contra este inexorable orden de cosas? En el ámbito catalán el partido Ciutadans representa un opción no nacionalista desde el espacio político de centro izquierda laico que nació como rebelión ante la deriva claramente nacionalista del Partido socialista de Cataluña a partir de 2004.

Con el regreso a la solución policial contra eta y el fin de la hegemonía en Ajuria Enea del PNV, y un gobierno socialista apoyado por el PP empeñado en restañar los resortes morales de la sociedad vasca, el reto mayor viene del nacionalismo catalán, tan fuerte y hegemónico que bajo su paraguas se parapetan socialistas, comunistas, ecologistas y democristianos. Como una fogata que necesita más leña conforme más leña se le echa, Cataluña camina hacia la independencia de facto, mientras el peripatético Tribunal Constitucional duerme el sueño de los justos y mira –¿por órdenes superiores?– hacia otro lado. Dos ejemplos entre cientos: la división en veguerías en lugar de las provincias (¿cuántas?, ¿con qué nombre?, ¿bajo qué presupuesto?, ¿con qué ciudades de capital?, ¿con qué atributos concretos? Asuntos menores ante el triunfo simbólico de fragmentar el suelo patrio de manera distinta al resto de España) y la exigencia del nivel c de catalán para poder dar clases en la universidad (¿será necesario repetir que con ello se traiciona el sentido obvio de la educación superior que radica en su universalidad?).
Pero como los nacionalismos periféricos abusan de un anticuerpo contra la crítica que consiste en proclamar que nadie fuera de su realidad puede entenderlos, como si se requiriera ser esquimal para hablar del hielo, vayan por delante mis credenciales de inuit, habitante del “país de las sombras largas”.


Nací en México y soy un ciudadano mexicano pleno y al mismo tiempo, en conflicto con la inaceptable realidad de mi país, pero pertenezco también, por mis cuatro abuelos (ninguno de ellos de León), a la cultura del exilio republicano español y por mi rama materna, a la cultura catalana. Esta declaración de cartas credenciales no puede ser más contradictoria: no existe “una forma de ser” mexicana, como demostró lúcidamente Roger Bartra en La jaula de la melancolía. Nada más enfrentado, abierto y en disputa que el legado republicano en México, no sólo por la división entre negrinistas y prietistas en el núcleo más numeroso de los exiliados, sino por adscripciones ideológicas –comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos moderados– y por zonas de procedencia, fundamentalmente nacionalistas vascos y catalanes, a su vez subdivididos en grupos, tribus y clanes diversos. Este rompecabezas, arqueología de una España plural que pudo ser y no fue, acabó sin embargo construyendo ritos de iniciación comunes, muchas instituciones culturales y no pocos lugares de culto. Por ejemplo, ciertas escuelas, herederas de la Institución Libre de Enseñanza y de la triada pedagógica de Francisco Giner de los Ríos: educación mixta, laica, liberal.

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Categories: España, Ideas


2 Responses

  • Perdón por las faltas ortográficas de mi anterior correo. A mis problemas de visión se suma mi pésima (nula) dactilografía.

  • Lo vuestro es “jotanacionalismo”. En México no os permitirían escribir “mejicano”.

    El nacionalismo catlán es malo “per se”, pero mucho peor es el nacionalismo español gárrulo que le doy excusaa para ser.

    Por otra parte, me hace gracia que un intelectual mexicano pontifique sobre nacionalismo. Porque México es el país más nacionalista del mundo (y no quiero añadir adjeticos al término nacionalista, auqnue los merece, por no ofender el sentimiento patrio de mis benos amigos mexicano sni ce mi querido México). Empezando por el falso (y criminal) discurso indigenista de su elite criolla. Dejémoslo ahí.

    Para esta c usa, buscarpos otro baledor más capacitado y, sobre todo, más justificado.



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