Abril 8th, 2000


Valentí Puig : “Un momento convulso” ( sobre la insoportable persistencia de la corrupción y el cinismo)


NUBARRONES de insectos voraces y ejércitos subterráneos de termitas han ido apareciendo con una tenacidad que intranquiliza la consistencia institucional española. Son momentos atareados para la entomología política. Ayer fue una jornada irremediable. Con la erupción en folios del caso Gürtel, el senador Bárcenas del PP aparecía en entredicho; al juez Garzón le acosaban los procesos en su contra y el ex ministro Jaume Matas tenía que entregar una fianza astronómica. La justicia es la justicia, un juez es parte del poder judicial y los partidos políticos son parte del sistema institucional. Del Gobierno se sabe poco.

Nada se está quieto, ni dispuesto a que el coleccionista de aberraciones políticas lo fije con un alfiler para exhibir en las vitrinas del museo. Los lentos trabajos de las colonias de termitas devoran el mobiliario, la iconografía en madera de los templos, la viga maestra de lo que fue construido para durar perennemente. Aunque no tan espectacular, es un proceso semejante al efecto de la corrupción en la arquitectura institucional de un país. Sobornos, prevaricación, cohecho, conspiración para delinquir, estafa, tráfico de influencias: patologías públicas dispares, pero con las mismas secuelas que deja una plaga de langosta o una colonia de termitas. Ahí tarda en volver a crecer la confianza.

Es un momento institucionalmente convulso para una sociedad que anda ensimismada en una quiebra de la prosperidad, con pérdida de poder adquisitivo, evaporación de puestos de trabajo, falta de liquidez crediticia y la percepción de un horizonte poco atractivo. Esa es la meteorología general. Las insaciables plagas de langosta y el quehacer imparable de las termitas se empeñan en el deterioro de una arquitectura institucional que ha de garantizar nada menos que la igualdad ante la ley, los derechos y las libertades.

Ponerse apocalípticos con el solo objetivo de acabar con el zapaterismo no deja de ser otro proceso termítico, del que no se salvarían ni los muebles de quien busque instrumentarlo para su provecho político. No todo vale contra el zapaterismo, por la misma razón que el zapaterismo no lo justifica todo. Pero es evidente que, sin caer en la tentación apocalíptica, las termitas y los nubarrones de insectos come-lo-todo andan sueltos.

En la etapa del turbo-crecimiento, los consumidores de a pie nos endeudamos mientras que los mafiosos de guante blanco atesoraban sus comisiones fraudulentas en cuentas cifradas de las islas Caimán. Para algunos, los aledaños de la política fueron un atajo hacia la ostentación y el lucro. Fueron los nuevos ricos a la sombra de un mundo institucional que a veces no mantuvo suficientes filtros y diques de contención. La tentación era en cinemascope, con yate, relojes numerados con rubíes y sirenas sin necesidad de «lifting».

Lo de menos sería que alguien lo pagase con una temporada en la cárcel. Es de mayor gravedad colectiva el efecto mimético, el «Y tú más», la pasividad, la antipolítica que consiste en suponer que todos los políticos son iguales. No tiene gran credibilidad que, al descubrir en casa cierta fruta podrida, los partidos políticos reaccionen siempre diciendo que en las filas del enemigo hay más. Servirá para consolar a los votantes más fieles, pero insatisface a la opinión pública. Es como sentir bajo los pies que las termitas han atravesado el hormigón y salir diciendo que el enemigo político tiene un orzuelo. Ya está cubierto el cupo de termitas y trances convulsivos.

www.valentipuig.com

 fuente: ABC

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Categories: Actualidad, España


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